Jul 15 2009

“SEDA: Contexto histórico”

Publicado por Manuel Checa a las 11:41 en HISTORIA DE ASIA ORIENTAL

sedaDe alessandro Baricco (Traducción de Xavier González Rovira y Carlos Gumpert). Editorial Anagrama, 1997.
Licenciado en Filosofía, novelista, dramaturgo y periodista italiano nacido en Turín; ha dirigido un programa de libros y ha fundado una escuela de técnicas de escritura, llamada Holden (como homenaje a Salinger). Escritor alejado del circo mediático, apenas concede entrevistas, su carácter huidizo es proporcional a su nivel de exigencia literaria. Es autor de las novelas: “Tierras de cristal” (Premio Médicis, 1991), “Océano mar” (Premio Viareggio, 1993), City (1999) y “Sin sangre” (2003); del monólogo teatral “Novecento” (1994) y de los ensayos, “Rossini Il genio in fuga” y “El alma de Hegel” y “Las vacas de Wisconsin”. Baricco se convirtió en un fenómeno literario mundial con la publicación de la novela Seda en 1996, traducida a diecisiete idiomas. Seda está escrita con un estilo sobrio y, a veces, cortante. Baricco utiliza la técnica narrativa de la fragmentación conformando la escritura un sumario de detalles simbólicos, gestos inacabados y expresiones silenciosas, que nos dejan translucir un mundo de sensaciones.
Seda narra la historia de Hervé Joncour, ciudadano de un pequeño pueblo del sur de Francia “Lavilledieu” dedicado a la producción de seda, que viaja varias veces al Japón, entre los años de 1861-1865, para comprar huevos de gusanos de seda y surtir a la industria de su pueblo ante las epidemias que azotaban a las larvas de los gusanos de seda en toda Europa y Oriente Medio. En su primera relación comercial con un Daimyo, Hervé Joncour queda seducido por el profundo silencio de unos ojos de mujer. Estos ojos harán que vuelva una y otra vez a Japón para satisfacer sus oníricas pasiones y refrenar sus sentimientos, colmados de deseo y sensualidad.
Contexto Histórico
“Era 1861, Flaubert estaba escribiendo Salammbó, la luz eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra cuyo final no vería”.Baricco nos sitúa, desde el mismo inicio, la época en la que transcurre la historia. Aunque nos advierte del año, sólo con decirnos que Flaubert estaba escribiendo Salammbó, ya nos hubiéramos situado, puesto que Gustave Flaubert (Ruan, Alta Normandía, 1821 – Croisset, Baja Normandía, 1880) fue un escritor francés considerado como uno de los mayores y mejores novelistas occidentales, conocido principalmente por su primera novela publicada Madame Bovary (1857), y por su escrupulosa devoción a su arte y su estilo, cuya máxima como escritor fue su interminable búsqueda de “le mot juste” (la palabra exacta).
La historia transcurre durante la década decimonónica francesa de los cincuenta hasta mediados de los sesenta. Francia estaba gobernada por el imperio autoritario de Napoleón III (1852–1863). Esta época fue una etapa de crecimiento para Francia: A nivel económico, el país se dotó de infraestructuras modernas y de un nuevo sistema financiero bancario y comercial.
Los progresos sociales fueron innegables: reconocimiento del derecho de huelga y de organización de los asalariados (antecedentes de sindicatos) concedidos en 1864, elevación del nivel de vida de los obreros y de los campesinos, los comedores de beneficencia organizados para los pobres, primeros sistemas de jubilaciones y de seguros para los obreros, desarrollo de la educación de masa, etc.
El segundo imperio francés apoyó decididamente la educación y la ciencia: apoyo institucional a los trabajos de Luis Pasteur y de Fernando de Lesseps, que respectivamente, acabarán en la vacuna contra la rabia y en el Canal de Suez, inaugurado en 1869.
Los triunfos en política exterior refuerzan la política del emperador e impulsan el imperialismo francés, no sólo con fines económicos (a la búsqueda de materias primas y nuevos mercados) sino político, a imagen y semejanza del Reino Unido. Pero, es mucho más en Asia que en África donde se concentra, más acentuadamente, esta política colonialista de Napoleón III mediante el Tratado desigual de “Tientsin”, en 1858. Tras el “Incidente Chapdelaine” (ejecución del misionero francés por parte de las autoridades locales chinas), Francia se unió a Gran Bretaña (Incidente Arrow) contra China; la armada británica, liderada por Lord Elgin, y la francesa, encabezada por Gros, atacó y ocupó Guangzhou a finales de 1857; los Estados Unidos y Rusia se unieron después. La guerra concluyó con el tratado de Tientsin, junio de 1858, (firmado y ratificado por China en 1860) cuyas cláusulas más importantes son que China se ve obligada a abrir sus puertos al comercio francés; todos los buques extranjeros podrían navegar libremente por el Yangzi; el derecho de los extranjeros de circular libremente por todas las regiones chinas, a la propiedad privada y a evangelizar. Pero es en Indochina donde el Segundo Imperio francés pone en marcha una auténtica empresa colonizadora, con el pretexto de la expedición franco-española a Cochinchina (Vietnam y Laos), Francia procederá a su anexión entre 1862 y 1867 y a la ocupación de Camboya en 1863.
Todo ello, nos lleva a la conclusión que, debida a esta política colonialista, ya se estaba introduciendo en Francia un cierto conocimiento de Oriente, de ahí que personajes de la novela como Baldabiou tenían ya una cierta cultura sobre los productos y mercaderías que se producían en China y Japón, ya fuera a través misivas oficiales o de leyendas de marinos y marineros.
Baricco nos sitúa en el lugar donde comienza la historia:
“…y, como en el caso de Hervé Joncour, en alguna región de la Francia meridional”, “Lavilledieu era el nombre del pueblo en que Hervé Joncour vivía”.
Actualmente, Terrasson-Lavilledieu (antiguamente estaban separadas) es una comuna y población de la Francia meridional, en la región de Aquitania, la atraviesa el río Vézère. Es la mayor población y cabecera del cantón que lleva su nombre.
“En aquellos tiempos, Japón estaba, en efecto, en la otra punta del mundo. Era una isla compuesta por islas y durante doscientos años había vivido completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso a todo extranjero. La costa china distaba casi doscientas millas, pero un decreto imperial se había encargado de mantenerla todavía más alejada, prohibiendo en toda la isla la construcción de barcos con más de un mástil. Según la lógica, a su manera, ilustrada, la ley no prohibía, sin embargo, la expatriación, pero condenaba a muerte a los que intentaban regresar. Los mercaderes chinos, holandeses e ingleses habían intentado repetidas veces romper con aquel absurdo aislamiento, pero sólo habían logrado crear una frágil y peligrosa red de contrabando. Habían ganado poco dinero, muchos problemas y algunas leyendas, buenas para contar en los puertos por las noches. Donde ellos habían fracasado, tuvieron éxito, gracias a la fuerza de las armas, los americanos. En julio de 1853 el almirante Matthew C. Perry entró en la bahía de Yokohama con una moderna flota de buques a vapor y entregó a los japoneses un ultimátum en el que se «auspiciaba» la apertura de la isla a los extranjeros. Nunca antes habían visto los japoneses una embarcación capaz de surcar el mar con el viento en contra”.Cuando, siete meses después, Perry volvió para recibir la respuesta del ultimátum, el gobierno militar de la isla se avino a firmar un acuerdo que sancionaba la apertura a los extranjeros de dos puertos en el norte del país y el establecimiento de las primeras, mesuradas, relaciones comerciales. El mar que rodea esta isla -declaró el almirante con cierta solemnidad- es desde hoy mucho menos profundo”.
Alessandro Baricco abandona inconscientemente (o ¿conscientemente?) al narrador de “Seda”, aunque la línea del narrador y el escritor es tan tenue que es difícil saber cuando es uno u otro, y toma en persona la narración con este tropo: “En aquellos tiempos, Japón estaba, en efecto, en la otra punta del mundo”. Con ello, no quiere decir que Japón haya variado de ubicación física con el paso del tiempo sino que el lugar que ocupa actualmente Japón en el contexto internacional dista una eternidad del Japón Tokugawa, puesto que la proximidad de Japón a occidente actualmente (más concretamente a Europa occidental) y viceversa es proporcional al desconocimiento de ambas regiones que se tenía en la época en la cual transcurre la historia.
Desde comienzos del siglo XVII, en Japón se había consolidado el llamado sistema Bakufu o, también llamado, Shogunato, cuya base de poder residía en una doble autoridad: el Emperador, cuya legitimación era ritual y divina (residente en Kyoto), y la del Shogun (residente en Edo, actual Tokio), que ostentaba el control político y el poder fáctico y real. El Japón Tokugawa o periodo Edo, 1600-1867, representó una época de doscientos años de estabilidad y paz. La familia Tokugawa, a la que pertenecieron todos los shogunes (y parte de los señores feudales o daimyo, que ejercían el control regional y leales al shogunato), consiguió acumular un poder sin precedentes muy superior al del emperador, aunque teóricamente continuaba siendo vasallo del poder imperial .
“La costa china distaba casi doscientas millas, pero un decreto imperial se había encargado de mantenerla todavía más alejada, prohibiendo en toda la isla la construcción de barcos con más de un mástil”. Baricco, cuando habla de este decreto imperial, se refiere al “Sakoku”: El Sakoku (”cierre del país”) fue una política aislacionista del Shogunato Tokugawa de Japón que prohibía la entrada o salida del país, fuera extranjero o japonés, bajo pena de muerte. Adicionalmente, se prohibía el retorno de japoneses que se encontraban en China, Corea y Filipinas. A pesar de que virtualmente el país se encontraba blindado ante el resto del mundo, existían pequeños y restringidos vínculos de intercambio con los holandeses bajo vigilancia permanente del shogunato, prohibiendo cualquier salida de holandeses de la isla hacia Japón. También existían pequeños vínculos comerciales con navíos chinos que llegaban a Nagasaki
El Sakoku comenzó a germinar tras la sofocación violenta de la “Rebelión de Shimabara”, que comenzó en 1637, provocada por campesinos japoneses cristianos cerca de Nagasaki, al que se adhirieron pescadores, artesanos, comerciantes y Ronin (samuráis sin señor). En 1638, había 27.000 rebeldes luchando contra 125.000 soldados al mando del shogun. Cuando el jefe del mando del shogunato Tokugawa Itakura Shigemasa solicitó ayuda a los holandeses para que les suministrara a su ejército armas de fuego y, sobretodo, cañones (y se los proveyeron), los rebeldes enviaron un mensaje desde el castillo Hara (desde donde resistían) que decía: ”Es que ya no hay soldados valientes en el reino para combatir con nosotros, y no se avergonzaron de haber llamado a extranjeros en su auxilio contra nuestro pequeño contingente?”. Tras este mensaje, el Shogun Tokugawa Iemitsu ordenó la retirada del barco holandés.
La “Rebelión Shimabara” finalizó con la ejecución de cerca de 40.000 personas, incluyendo mujeres y niños. En 1639, se prohibió la entrada al país de naves portuguesas y a cualquier extranjero, iniciando formalmente el período de sakoku y, en 1641, se confinó a los holandeses en la isla de Dejima, debido a la ayuda prestada en la rebelión y a que su interés era puramente comercial y no de promoción del cristianismo.
Debido a este cierre de fronteras, nos dice Baricco, que se creó una débil red de contrabando por parte de mercaderes chinos, japoneses e ingleses junto a la connivencia de algunos japoneses; y, esta red, será la que lleve a Hervé Joncour hasta la provincia de Shirikawa.
La documentación histórica de Baricco, puesta en boca del narrador imparcial y conocida por el extraño e incógnito “Baldabiou”, es casi exacta, aunque frugal. Así, continúa narrando que la finalización del Sakoku, tras la infructuosas iniciativas diplomáticas con el Bakufu por parte de Holanda, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, fue debida a “…gracias a la fuerza de las armas, los americanos. En julio de 1853 el almirante Matthew C. Perry entró en la bahía de Yokohama con una moderna flota de buques a vapor y entregó a los japoneses un ultimátum en el que se «auspiciaba» la apertura de la isla a los extranjeros”. Este ultimátum enviado por el presidente de los Estados Unidos (que consideraban el Japón como un punto de abastecimiento fundamental para su abastecimiento hasta los puertos de China) en forma de carta a través de una expedición naval en 1852 comandada por el comodoro Matthew C. Perry. Después de entregar la carta con las exigencias que contenía de apertura de los puertos japoneses de Shimoda y Hakodate al comercio con los Estados Unidos, garantizando la seguridad de náufragos estadounidenses y establecimiento de un cónsul permanente, Perry amenazó con volver con una armada de guerra de la China. Así, en 1854, volvió a la costa japonesa con 8 Barcos y forzó al shogun a firmar el “Tratado Kanagawa” estableciendo relaciones diplomáticas formales entre Japón y los Estados Unidos, se firmó el 31 de marzo de 1854 entre el Comodoro Matthew Perry y las autoridades de Japón en el puerto de Shimoda. Inmediatamente después, en el transcurso de los 5 años siguientes, Japón firmó similares tratados con holandeses, ingleses y rusos. El Tratado de Harris (tratado que fue firmado por el Bakufu sin ser consultado con el emperador) fue el siguiente tratado que firmó Japón con los Estados Unidos, en julio de 1858.
“Nunca antes habían visto los japoneses una embarcación capaz de surcar el mar con el viento en contra”. Efectivamente, tal era el retraso tecnológico del Japón Tokugawa que no disponían de flota alguna a vapor, y a estos barcos de vapor que arribaron al puerto de Uraga en 1853: Mississippi, Plymouth, Saratoga, y Susquehanna, los japoneses los llamaron “Barcos Negros”. El término “negros” hace referencia al color del humo que salía por las chimeneas, debido al carbón quemado en las calderas.
“El mar que rodea esta isla -declaró el almirante con cierta solemnidad- es desde hoy mucho menos profundo”, con estas palabras del comodoro Perry se daba por enterrada la política exclusionista y aislacionista del Bakufu: el “Sakoku”, Japón se abriría definitivamente a occidente.
El aislacionismo japonés mediante el Sakoku, es el argumento básico que Baldabiou utiliza para convencer a todos los productores de seda de Lavilledieu, y, de esta manera, iniciar los viajes de Hervé Joncour a Japón: “Baldabiou conocía todas esas historias. Sobre todo conocía una leyenda que se oía repetidas veces entre quienes habían estado tan lejos. Decía que en aquella isla se producía la seda más bella del mundo. Lo hacían desde hacía más de mil años, según ritos y secretos que habían alcanzado una mística exactitud. Lo que Baldabiou pensaba es que no se trataba de una leyenda, sino de la pura y simple verdad. Una vez había tenido entre sus dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Era como tener la nada entre los dedos. Así, cuando parecía que todo se iba al diablo por aquella historia de la pebrina y de los huevos enfermos, lo que pensó fue: «Esa isla está llena de gusanos de seda. Y una isla a la que en doscientos años no han conseguido llegar ni un comerciante chino ni un asegurador inglés es una isla a la que no llegará nunca ninguna enfermedad.» No se limitó a pensarlo: se lo dijo a todos los productores de seda de Lavilledieu, después de haberlos convocado en el café de Verdun. Ninguno de ellos había oído jamás hablar del Japón. ¿Tendremos que atravesar el mundo para ir a comprar unos huevos como Dios manda a un lugar donde si ven a un extranjero lo ahorcan?
-Lo ahorcaban -puntualizó Baldabiou.
No sabían qué pensar. A alguno se le ocurrió una objeción.
- Habrá algún motivo por el cual a nadie en el mundo se le ha ocurrido ir hasta allí a comprar los huevos.
Baldabiou podía haberse pavoneado recordando que en el resto del mundo no había ningún otro Baldabiou. Pero prefirió presentar las cosas tal como eran.
- Los japoneses se han resignado a vender su seda. Pero los huevos, ésa es otra historia. Los huevos no los sueltan. Y si intentas sacarlos de la isla estás cometiendo un crimen.
Los productores de seda de Lavilledieu eran, quien más quien menos, gente de bien, y nunca habrían pensado in infringir ninguna de las leyes de su país. La hipótesis de hacerlo en la otra punta del mundo, sin embargo, les pareció razonablemente sensata”.
Con este último párrafo, Baricco irónicamente nos demuestra la hipocresía y la voracidad materialista de nuestra sociedad occidental en la época del colonialismo (¿y también en la actualidad?), que no se detenía ante nada, ni leyes, derechos, ni valores morales de otros pueblos con tal de satisfacer sus ansias de riqueza. Así, los productores de seda, hombres justos y de bien, aceptan de buen grado infringir la ley, ya que son leyes de otro país, de otras gentes.
Los nombres del chino, el holandés y el japonés con los que partió Hervé Joncour y que le dio Baldabiou, nos entrelazan con la red de contrabandistas que operaban en Japón para poder comerciar con las mercancías prohibidas en esa época, tal y como Baricco nos dijo: “Los mercaderes chinos, holandeses e ingleses habían intentado repetidas veces romper con aquel absurdo aislamiento, pero sólo habían logrado crear una frágil y peligrosa red de contrabando. Habían ganado poco dinero, muchos problemas y algunas leyendas, buenas para contar en los puertos por las noches. Donde ellos habían fracasado, tuvieron éxito”.Baricco recurre a la técnica narrativa de la “repetición” en la descripción del mismo itinerario que sigue Hervé Joncour, hasta cuatro veces, desde Lavilledieu hasta la aldea de Hara kei –Pp 26, 39, 61, 84, variando únicamente el nombre con el se conoce al lago Baikal (del tártaro Bai-kul “lago rico”; también llamado el ojo de Siberia o el ojo de Asia, o, también, el ojo azul de Siberia o “La perla de Asia) por las gentes del lugar (“mar”: efectivamente, lo llaman así los pescadores del lugar porque tiene olas bravas, y más de 300 arroyos y ríos desembocan en él; “demonio”, “El último” y “El santo”): “Cruzó la frontera cerca de Metz, atravesó Württemberg y Baviera, entró en Austria, llegó en tren a Viena y Budapest, para proseguir después hasta Kiev. Recorrió a caballo mil kilómetros de estepa rusa, superó los Urales, entró en Siberia, viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba mar. Descendió por el curso del río Amur, bordeando la frontera china hasta el océano, y cuando llegó al océano se detuvo en el puerto de Sabirk durante once días, hasta que un barco de contrabandistas holandeses lo llevó a Cabo Teraya, en la costa oeste del Japón. A pie, viajando por caminos, atravesó las provincias de Ishikawa, Toyama, Niigata, entró en la de Fukushima y llegó a la ciudad de Shirakawa, la rodeó por el lado este, esperó durante dos días a un hombre vestido de negro que le vendó los ojos y lo llevó hasta una aldea en las colinas”.
La técnica narrativa de la repetición utilizada en la descripción del viaje, en mi opinión, la utiliza Baricco para enfatizar la frugalidad de la vida (en cada viaje, los habitantes del lugar han cambiado el nombre, dándonos a entender que el paso del tiempo todo lo borra o lo cambia pero la naturaleza siempre está ahí: el mar) y la repetición cíclica de la vida (como la repetición de las cuatro estaciones en la naturaleza). También, creo que esta técnica la utiliza para resaltar el viaje como elemento delator de la personalidad de Hervé Joncour, como un viaje hacia su interior, donde el lector, a través de diferentes de diferentes técnicas construidas por Baricco, va desgranando y elucubrando individualmente la forma de sentir y de pensar de Hervé Joncour, ya que Baricco huye de la descripción del personaje o, mejor dicho, rechaza cualquier pretensión de describirlo, cuyo único fin, para él, es airear la libertad psicológica en la lectura. Todo es narrado de manera sucinta: la historia, el espacio geográfico, las condiciones sociales, los sentimientos, etc. Las acciones son el instrumento del que se vale Baricco para narrarnos la historia.
También, Baricco utiliza la técnica de la intertextualidad como procedimiento constructivo, pp. 7 y 25: “Era 1861, Flaubert estaba escribiendo Salammbô, la luz eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra cuyo final no vería”. El narrador también nos describe la ruta japonesa que sigue Hervé Joncour hasta la llegada a la aldea de las colinas: “…lo llevó a Cabo Teraya, en la costa oeste del Japón. A pie, viajando por caminos, atravesó las provincias de Ishikawa, Toyama, Niigata, entró en la de Fukushima y llegó a la ciudad de Shirakawa, la rodeó por el lado este, esperó durante dos días a un hombre vestido de negro que le vendó los ojos y lo llevó hasta una aldea en las colinas”.
Pero esta ruta no es exacta, pues nos dice que desembarca en Cabo Teraya, en la costa oeste del Japón, y este cabo se encuentra en la costa este, más concretamente, en la bahía de Yokohama. El recorrido de Hervé Joncour por las provincias, actualmente prefecturas, fue a través de Ishikawa (o Iyikaua) en la costa oeste de la parte central de la isla Honshu (Hondo), continuó subiendo por Toyama (o Toiama), situada en la frontera norte de la provincia de Ishikawa, siguió ascendiendo por Toyama hasta la costa noroeste, donde se encuentra la provincia de Niigata, después giró hacia el este, entrando en la provincia de Fukushima (o Fukuyima), donde llegó hasta ciudad de Shirakawa, rodeándola por el este; pero esta ciudad no existía en la época de la novela, porque la ciudad de Shirikawa fue fundada el 1 de abril de 1949.
Este recorrido hacia el norte es importante conocerlo porque esto nos ayudará, en parte, a desentrañar las creencias, el estilo de vida y la personalidad de Hara Kei, y, por ende, la de los daimyo y samuráis del Japón ancestral, ya que el narrador no nos habla de ello. Sólo tenemos de Hara Kei los siguientes extractos:
“Se descorrió un panel de papel de arroz y Hervé Joncour entró. Hara Kei estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo, en la esquina más alejada de la habitación. Vestía una túnica oscura, no llevaba joyas. El único signo visible de su poder era una mujer tendida junto a él, inmóvil, con la cabeza apoyada en su regazo…”; “Al hombre más inexpugnable del Japón, al amo de todo lo que el mundo conseguía arrancar de aquella isla, Hervé Joncour intentó explicarle quién era…”. “Hara Kei escuchaba, sin que la sombra de un gesto descompusiera los rasgos de su rostro. Mantenía los ojos fijos en los labios de Hervé Joncour como si fueran las últimas líneas de una carta de despedida”.“…cuando se escuchó la voz de Hara Kei.
- Sed bienvenido, mi amigo francés.
Estaba a pocos pasos de allí. El kimono oscuro, el pelo, negro, perfectamente recogido en la nuca. Se acercó. Se puso a observar la pajarera, mirando una a una las puertas abiertas.
- Volverán. Es siempre difícil resistir la tentación de volver, ¿no es cierto?”. “Hara Kei estaba sentado en el lugar de honor, vestido de oscuro, con los pies descalzos”. “Esperó largo rato, después llegó Hara Kei. No hizo ningún gesto de saludo. Ni siquiera se sentó.
- ¿Cómo habéis llegado hasta aquí, francés?
Hervé Joncour no contestó.
- Os he preguntado quién os ha traído hasta aquí.
Silencio.
- Aquí no hay nada para vos. Sólo hay guerra. Y no es vuestra guerra. Marchaos.
Hervé Joncour sacó una pequeña bolsa de piel, la abrió y la vació en el suelo. Limaduras de oro.
- La guerra es un juego caro. Vos tenéis necesidad de mí. Y yo tengo necesidad de vos.
Hara Kei no miró siquiera el oro disperso por el suelo. Se dio la vuelta y se marchó”. “- El Japón es un país muy antiguo, ¿sabes? Sus leyes son antiguas: dicen que hay doce crímenes por los que es lícito condenar a muerte a un hombre. Y uno de ellos es llevar un mensaje de amor de su propia ama.
Hervé Joncour no apartó los ojos de aquel chico asesinado.
- No llevaba mensajes de amor consigo.
- Él era un mensaje de amor”.
De lo anterior, podemos entresacar la conclusión que Hara Kei era un “Daimyo” o señor feudal del norte, perteneciente a la nobleza del periodo Edo. En este periodo, Japón estaba dividido en 279 Han, cuyos señores ejercían un poder absoluto sobre sus vasallos.
El periodo japonés de 1853 a 1868 se conoce con el nombre de “Bakumatsu” o “Fin del Bakufu” fue una época de violentas intrigas y conspiraciones mortíferas, de rebeliones y contragolpes, de señores feudales del suroeste maniobrando contra los leales a Tokugawa, que finalizaría en una guerra civil (1868.1869). La violencia hacia los extranjeros y aquellos con quienes comerciaban se incrementó a principios de 1860. Ii Naosuke, quien había firmado con Harris el Tratado de comercio con los Estados Unidos y que había tratado de eliminar a aquellos que se oponían a la occidentalización con la llamada Purga de Ansei, fue asesinado en marzo de 1860 en Sakuradamon. Henry Heusken, el traductor holandés de Harris, también fue asesinado por miembros fanáticos de un clan ronin anti-occidental en enero de 1861, también en ese mismo año el consulado británico en Edo fue incendiado y hubo dos muertos.
Por tanto, podemos suponer que Hara Key era un daimyo leal al shogun puesto que tenía su feudo en el norte. También, sutilmente, nos indica el narrador la pertenencia de Hara Kei al bando perdedor del Shogun, ya que los británicos eran, en un momento determinado, los principales aliados del shogunato, pero posteriormente se mostraron reacios a proporcionar ayuda. Entonces, los Tokugawa se decantaron por la ayuda militar francesa y sus consejeros debido al prestigio militar de Napoleón III por sus éxitos en la Guerra de Crimea y en la Guerra de Italia: “Hervé Joncour notó como algo le presionaba la cabeza y le obligaba a inclinarla hacia el suelo.
- Es un fusil, francés. No levantéis la vista, os lo ruego”.
Con lo que nos deja entrever de la conducta de Hara Kei, podemos comprobar que era un samurai que vivía de acuerdo con el “Credo del samurai , y el Código Bushido”: El código samurai fue conocido en Japón como “Bushido”, que literalmente significa “Modos militares del caballero” y que podemos traducirlo como “La conducta del guerrero” o, también, “El camino del guerrero”. Este código nació en el siglo XII y nunca fue redactado.
El poder político estaba a cargo del shogun o “General”, y era el padre espiritual de los samuráis. Debajo de los shogun estaban los daimyo o nobles de la corte, cada uno de los cuales contaba con un pequeño ejército privado de guardias, que eran los samuráis
Los samuráis tenían derecho de matar al instante a cualquier plebeyo irrespetuoso. Pero no podían hacer cualquier cosa; debían cumplir estrictamente con el código bushi. Para vivir de acuerdo con el código, un samurai debía ser valeroso, honorable, motivado por un deseo de actuar con rectitud y justicia. Además, debía ser misericordioso, decir siempre la verdad, ser cortés, leal, dominar sus impulsos y tener voluntad de sacrificio.
Un auténtico samurai debía vivir una vida frugal. La riqueza no les importaba, sólo el orgullo y el honor. “Vestía una túnica oscura, no llevaba joyas. El único signo visible de su poder era una mujer tendida junto a él, inmóvil, con la cabeza apoyada en su regazo…”. La única salida honrosa para un samurai derrotado en batalla era la muerte o el suicidio ritual (seppuku). En el seppuku, también conocido como harakiri, el samurai, literalmente, se sacaba las entrañas. Luego, otro samurai, generalmente un amigo, le cortaba la cabeza.
El Bushido emana del Budismo, del zen, del confucionismo y del Sintoísmo: Del Budismo, el Bushido toma la relación entre el peligro y la muerte. El samurai no teme a la muerte, ya que cree que tras la muerte se reencarnará y volverá a vivir otra vida en la Tierra.
A través del Zen, una escuela del Budismo, uno puede alcanzar el definitivo “absoluto”. La meditación zen enseña a “conocerse a sí mismo” y a no limitarse. El samurai utiliza esto como una herramienta para desembarazarse del miedo, la inseguridad y, finalmente, los errores.
El Sintoísmo, religión ancestral japonesa, otorga lealtad y patriotismo. Obediencia ciega al emperador.
El Confucionismo y su piedad filial establecen cómo han de ser las relaciones con su entorno y su familia.
Código Bushido: Los siete principios1. Gi, (Honradez/Justicia)
Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.
- “Cuando salgáis de aquí, tendréis lo que deseáis”, dijo Hara Kei. Hara Kei, cuando supo del engaño que le habían hecho al francés, lo llamó para restablecer el orden de su justicia.
2. Yu, (Valor heroico)Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir.Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado, es peligroso, pero sin duda también es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.
3. Jin, (Compasión)
Mediante un entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres, ya que desarrolla un poder tan grande que debe ser usado solo para el bien de todos.
El samurai debe tener compasión. El samurai debe ayudar a sus hermanos en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.
4. Rei, (Cortesía)
Ser un guerrero no justifica la crueldad. Los samuráis no tienen motivos para ser crueles, no necesitan demostrar su fuerza a nadie salvo a sí mismos. Un samurai debe ser cortés siempre, especialmente hacia sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto hacia sus oponentes, el samurai no es mejor que los animales. Un samurai es temido por su fiereza en la batalla, pero es respetado por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.
Hara Kei demuestra su cortesía en todos los viajes de Hervé Joncour, salvo en el último, cuando Hara Kei partía para la guerra.
5. Meyo, (Honor)
El auténtico samurai solo tiene un juez de su propio honor, él mismo. Las decisiones que toma y cómo las lleva a cabo son un reflejo de quién es en realidad. Nadie puede ocultarse de sí mismo, y los samuráis no son una excepción.
“Él era un mensaje de amor”.
6. Makoto, (Sinceridad absoluta)
Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en este mundo lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de dar su palabra. No ha de prometer. El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. “Hablar” y “hacer” son, para un samurai, la misma acción.
“Cuando salgáis de aquí, tendréis lo que deseáis”. Y cumple.
7. Chugo, (Deber y Lealtad)
Para el samurai, haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Las palabras de un samurai son como sus huellas: puedes seguirlas donde quiera que él vaya, por ello el samurai debe tener cuidado con el camino que sigue.
Hara Kei demuestra su lealtad al shogun al partir para la guerra.
El desenlace de estas rebeliones y revueltas culmina con la Guerra Boshin o “Guerra del Año del Dragón”, nombre que se le dio a la guerra civil que tuvo lugar entre 1868 y 1869 en Japón entre los partidarios del gobierno del shogunato Tokugawa en el poder y la facción que pretendía la devolución del poder político a la corte imperial. Finalizó con la victoria de las fuerzas imperiales y el traslado de la residencia del emperador desde Kyoto a Tokio. Las consecuencias fueron:
La superación de la antigua estructura feudal. Las funciones del shogun fueron abolidas.. Los daimyo ceden su poder al emperador. La abolición del orden feudal llegó en 1871. Los antiguos feudos son sustituidos por distritos administrativos (Japón se divide en 72 provincias).
“A principios del nuevo año -1866- el Japón declaró oficialmente lícita la exportación de los gusanos de seda.
En el decenio siguiente Francia sola llegaría a importar huevos japoneses por valor de diez millones de francos.
A partir de 1869, por lo demás, con la apertura del Canal de Suez, llegar al Japón no comportaría más de veinte días de viaje. Y volver, poco menos que veinte.
La seda artificial sería patentada, en 1884, por un francés que se llamaba Chardonnet”.
Efectivamente, puesto que las obras de excavación del canal se iniciaron oficialmente el 25 de abril de 1859 por la empresa del ingeniero francés Ferdinand de Lesseps, con la autorización de las autoridades egipcias de la época, y fue inaugurado en 1869. Para la ocasión, el compositor italiano Giuseppe Verdi compuso (por encargo) la ópera Aida. En el momento de la inauguración, Egipto poseía el 44% de las acciones y unos 21.000 franceses el resto.
Bibliografía y webgrafía
Martínez Robles, David. “La creación de Japón”. “El Japón del siglo XIX: Tradición y reforma”.
http://es.wikipedia.org/wiki/Gustave_Flaubert
http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_Boshin
http://zorbaelbuda.wordpress.com/2009/04/11/bushido-el-codigo-samurai/
http://www.danterafaela.com.ar/documentos/esp/baricco_el_mar.doc. Cordiano, Susana.
http://tribuvirtual.ning.com/profiles/blogs/seda-abaricco?id=2101434%3ABlogPost%3A14457&page=2#comments
http://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_Shimabara http://talisman.iespana.es/historia/csamurai.html
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2531
http://es.wikipedia.org/wiki/Era_Tokugawa

11 comentarios en ““SEDA: Contexto histórico””

  1. MERel 19 Jul 2009 a las 13:29

    Increible, que trabajazo, pero muy bien…MER

  2. Joanel 21 Jul 2009 a las 22:11

    Thanks for writing, I really enjoyed this post, wish you would post more often

  3. Nuruel 22 Oct 2010 a las 16:50

    Me ha encantado como has desarrollado el contexto histórico de este maravilloso libro de sentimientos y sensaciones. Realmente esplendido. Gracias por tu blog y un besazo ojos de mar. Ya tienes mi email por si quieres hablarme de Hervé y sus emociones

  4. OLFel 24 Oct 2010 a las 0:07

    ME gusto mucho, su trabajo… mmm pero muy largo.. bien trabajado pero se me duficula organizar tantas ideas…

    me gusto el libro, pero yo opino que Herve tenia los sentimientos perdidos en la pasion.. o era muy perro.. quiero saber sobre los sentimientos de la esposa.. y no entiendo lo de esa carta ,, que dio tantas vueltas,..

  5. Helenael 30 Oct 2010 a las 13:04

    No hay caballeros como los de antes, por no haber no hay ni hombres como los de antes. ¿Dónde estaran? ¿Donde se fueron?
    Helena

  6. Luzdemayoel 30 Oct 2010 a las 15:57

    Con su permiso espero su comentario sobre él Sr Joncour y sobre su esposa aparte de localizar la época de la novela.
    Gracias

  7. Agedael 30 Oct 2010 a las 18:24

    La pelicula está mucho peor que el libro, que me dejo millones de sensaciones……

  8. Parishel 31 Oct 2010 a las 8:19

    Soy acérrima lectora de Alexandro Baricco y ahoraa lo seré mas por que veo que tras sus novelas hay tambien estudio y documentación.
    Gracias por enseñarmelo

  9. Adael 31 Oct 2010 a las 9:37

    Antes de leer Seda, me hubiera gustado leer tu reseña sobre la novela

  10. Markel 04 Nov 2010 a las 8:27

    hey your blog content is very nice, neat and fresh, and I always enjoy browsing your site.

    - Mark

  11. Lorael 05 Nov 2010 a las 10:19

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    - Lora