Abr 02 2009

JJOO Pekín 2008

Publicado por Manuel Checa a las 7:43 en POLÍTICA

A menos de un año del inicio de los juegos olímpicos de Pekín 2008,la preocupación principal de las autoridades chinas es frenar y/o, en cualquier caso, actuar frente a las posibles protestas de organizaciones no gubernamentales y activistas de derechos civiles; pues, nunca antes ha sido China (Zhong Guo = País del Centro) centro de atención mundial como en este próximo año (salvo por los acontecimientos de 1989 de la matanza de Tiananmen); de la respuesta gubernamental China a las posibles protestas, dependerá su imagen internacional.
De estos movimientos civiles, podemos destacar la de 37 importantes intelectuales disidentes chinos; entre los cuales se encuentran abogados, escritores y académicos chinos que han dirigido una carta abierta, el 7 de agosto de 2007, al presidente Hu Jintao para poner fin a la “sistemática negación de los derechos humanos”, libere a todos los presos de conciencia y permita el regreso de los disidentes en el extranjero.
Las principales organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional o Human Rigths Watch han publicado una serie de informes acusando al gobierno de la República Popular de China del incremento de la represión sobre los disidentes y de haber endurecido la censura en internet y demás medios de comunicación.
Frente a estas acusaciones, las autoridades chinas afirman su oposición rotunda a la politización de los juegos olímpicos porque va en contra de su espíritu (Jiang Xiaoyi, Vicepresidente del Bocog). Para el gobierno chino, no se trata del mayor evento deportivo mundial, sino que es el escaparate internacional de los logros alcanzados desde que Den Xiaoping puso en marcha el proceso de apertura y reforma en 1978. Su finalidad es mostrar como el llamado “Imperio del Centro” se ha convertido en una de las principales potencias económicas y diplomáticas mundiales.
Entre las actuaciones de las autoridades locales (siguiendo en todo caso las directrices estatales) para conseguir el objetivo anteriormente mencionado, se encuentra la lucha contra productos piratas, y la expulsión, reclusión o reasentamiento de elementos indeseados en las ciudades, como vagabundos, vendedores ambulantes y conductores de taxi ilegales.

No obstante, convendría decir que actualmente existe un después de Tiananmen en junio de 1989 en la sociedad china; pues, hacia el final de los ochenta el lenguaje de los derechos de los ciudadanos y de los individuos había calado en el mundo social, intelectual y cultural. Este punto de inflexión desde la masacre de Pekín en junio de 1989, marca el pragmatismo de la sociedad china en todos sus niveles. Desde el punto de vista gubernamental, se admite la liberalización económica (actualmente, China tiene más multimillonarios que cualquier otro país excepto Estados Unidos; crecimiento capitalista guiado en gran parte por la construcción, las manufacturas y las tecnologías) pero no en política y social.
Desde el punto de vista social, la fiebre cultural y humanista dio paso a la “Fiebre Empresarial”: “Hacerse rico es glorioso” (Den Xiaoping en 1992 durante una visita a diferentes lugares del sur del país). La fiebre cultural extinguida después de la masacre de Tiananmen fue sustituida, podríamos decir casi frenéticamente por el interés por el desarrollo económico y por el emprendimiento individual dentro de la sociedad, incluyendo al mundo de la cultura y de las ideas.
Como símbolo de esta fiebre empresarial, debemos destacar las “Guanxi” o relaciones personales; que en el lenguaje occidental las asociamos como simple corrupción, poniendo dentro del mismo saco a todo el conjunto de relaciones, conexiones y redes sociales que les son inherentes a esta sociedad. En palabras de Said, sería una práctica del discurso orientalista típico. Sin embargo, este fenómeno moderno de China es una forma de compaginar el impacto del modelo de socialismo chino con las necesidades de la sociedad de encontrar una manera de negociar; como dice Yan Yunxiang, las “Guanxi”es un elemento propio y exclusivo del orden social normativo chino y, a la vez, un medio práctico para avanzar en intereses personales específicos.

Teniendo en cuenta lo anterior, no podemos caer en la interpretación que la apertura de China a Occidente y la circulación de capitales globales (económicos y culturales) de que este país adoptará posturas equivalentes a las occidentales en cuestiones como disidencia política o de derechos humanos.
Así, de esta manera, en octubre del 2006, una resolución del PCCh: “Importantes asuntos relacionados con la Construcción de la Sociedad Armoniosa”: recalca la idea de que la sociedad socialista armoniosa ha de ser construida y compartida por todo el pueblo por “el camino del socialismo con características chinas”, insistiendo en que la “armonía social es la naturaleza intrínseca del socialismo chino y una importante garantía para la prosperidad del país, el rejuvenecimiento de la nación y la felicidad del pueblo”. En el reciente congreso del PCCh, el consumo se configura ahora como el principal motor del crecimiento de un país, que ya se ve como la segunda economía del mundo en el 2020, cuando nunca antes estuvo basado en el gasto familiar. En la sociedad china actual, ha emergido un tipo de consumidor influido por Occidente pero, a la vez, muy distanciado de éste. Son, fundamentalmente, jóvenes que hoy tienen entre 25 y 44 años que perciben las marcas extranjeras como de calidad superior a las autóctonas pero que, al mismo tiempo, desarrollan un nacionalismo feroz. Este nacionalismo de la sociedad, forma parte del discurso de los actuales dirigentes chinos y que se ve refrendado por la celebración de los JJOO.

Los JJOO de Pekín 2008 han forzado a las autoridades chinas a suavizar las medidas de control a la prensa extranjera. Esta apertura, sin embargo, no se ha visto correspondida con la liberalización de los medios de comunicación nacionales (la mayor parte estatales) e, incluso, se han reforzado las medidas de control policial de la ciudadanía china para mantener el aparato gubernamental todavía si cabe más fuerte; como es el caso de la ciudad china de Shenzhen, experiencia piloto del futuro de las demás ciudades chinas. Es la traslación del “Hukou” (instrumento para el control migratorio a una institución social que dividía a la sociedad china en jerarquías espaciales) y el Danwei (control total de todos los aspectos de la vida cotidiana de los ciudadanos) a la era de las nuevas tecnologías. En la ciudad china de Shenzhen, se han instalado 20000 cámaras de vigilancia policial controladas por sofisticados programas informáticos que podrán reconocer las caras de los sospechosos y detectar cualquier actividad inusual. De esta manera, el PCCh puede mantener su poder por medio de un control más estricto de una población cada vez más próspera en momentos en que las protestas y manifestaciones se pudieran volver más habituales. Algunos defensores de los derechos civiles afirman que las cámaras montadas en China son una violación del derecho de privacidad establecido por el Acuerdo Internacional de Derechos Civiles y Políticos. En boca de Dinah Pokempner (consejera de Human Rigths Watch), China va mucho más allá en lo referente a la cantidad de información personal incluida en las tarjetas de identidad y en el control exhaustivo de su población.

Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Pekín “Soldados de la patria”, nos comenta:
“Una mezcla de “economía planificada”, complejos de inferioridad, y una versión china del más delirante nacionalismo y patrioterismo infantil, rodean al deporte chino. En China, como en pocos lugares, el deporte de competición internacional es un campo de batalla en época de paz. Como en otros países dictatoriales, los atletas de la selección nacional no son resultado de un proceso más o menos “deportivo”, derivado de la política de salud pública, del estado social y la “educación física para todos”, sino que son “soldados de la patria” encargados de ganar batallas de imagen y prestigio ante el enemigo. En esa causa sagrada vale todo, y todo se concentra en el resultado: ganar. El que no gana no llega a ser un “traidor”, pero desde luego, el estado -y a veces hasta la sociedad- le recuerda que no es un héroe”.

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