Mar 27 2009

WANG SHUO “Haz el favor de no llamarme humano”

Publicado por Manuel Checa a las 14:11 en LITERATURA, Literatura china

Publicada por entregas en una revista a los pocos meses de la matanza de Tiananmen en 1989 con el título original chino “qianwan bie ba wo dang ren” “千万别把我党人”, y traducida al español por Gabriel García Noblezas, 2002. Edición publicada con permiso de Hyperion por Ediciones Lengua de Trapo S.L.

Wang Shuo nació en Nanking en 1958, y se crió con su hermano pequeño durante la revolución cultural como delincuente callejero. Pasó cuatro años en la marina, de la que fue expulsado, y, posteriormente, realizó una serie de turbios trabajos hasta que en 1983 se convirtió en escritor independiente. Como creador de la “Punk Lit”, se le considera uno de los nombres indispensables de la actual literatura china. A pesar de que sus obras están prohibidas desde 1996, se ha quedado a vivir en su país, con su familia, gozando, aunque precariamente, de su condición de novelista más popular de allí. Además de 20 novelas, ha escrito con enorme éxito canciones y guiones para cine y televisión. En 1988 se declaró el año Wang Shuo: cuatro de sus relatos se adaptaron al cine, lo cual marcó el inicio de una relación que se iría haciendo más intensa, como veremos más adelante. Eso lo convirtió en el escritor urbano más importante del país, en un verdadero fenómeno social y literario. Su obra atrajo a lectores adolescentes, estudiantes universitarios y miembros de la generación de los guardias rojos.
Los incidentes en la plaza de Tiananmen de 1989 marcaron la entrada a la década de los noventa. El mensaje enviado por el ejército en Tiananmen dejaba claro que el Gobierno contemplaba una hipotética liberalización del país en el plan económico, pero no en el político. En este sentido, en 1992 el mensaje quedó todavía más reforzado durante la visita que Deng Xiaoping hizo al sur del país. El Partido pasó a celebrar abiertamente la acumulación de beneficios y “Hacerse rico es glorioso”, como dijo Deng Xiaoping, se convirtió en el lema nacional. Ante la dificultad de articular una oposición intelectual sólida y arrastrado por este impulso económico, el mundo cultural dejó atrás los debates más políticos y existenciales, y efectuó un giro considerable.

En este contexto, el partido vio con buenos ojos el desarrollo de una cultura popular que, gestionada de manera conveniente, pudiera neutralizar cualquier oposición política. Durante la década de los noventa, pues, se fomentó un progreso cultural enfocado hacia formas de expresión y consumo que, en el fondo, prometían la prosperidad de los ciudadanos: industria del entretenimiento, series de televisión, canciones pop, etc. La nueva dimensión económica de la cultura china se desplegó sobre todos los sectores sociales y, lo que es más importante, marcó las bases para la negociación entre el gobierno y los escritores: los escritores no sólo tenían que tener en cuenta los límites del Gobierno, sino también cómo negociar con las fuerzas de la comercialidad. En este nuevo contexto, el caso de Wang Shuo, inicialmente escritor, más tarde convertido en creador multimedia, es paradigmático y nos permite ejemplarizar esta transición. Así pues, la combinación de diferentes factores –el control político, el aumento de la nueva economía de mercado y la desaparición del espacio propio que los intelectuales habían ocupado tradicionalmente, entre otros, produjo un giro de la cultura china contemporánea hacia la comercialización y la literatura, evidentemente, no quedó al margen.

La Parafernalia del orgullo chino en manos de un sátiro nihilista
“Haz el favor de no llamarme humano” relata como tras el estrepitoso fracaso de China en los juegos olímpicos de Seúl 1988, y tras visionar una cinta de combate donde son vapuleados varios y diferentes luchadores chinos a manos de un gigante occidental, se crea un Comité Nacional por la Movilización Popular que asume la tarea de restablecer el Honor al pueblo chino. Su misión es encontrar un luchador de la legendaria secta del Sueño revelado, cuyas técnicas de lucha hacen a sus integrantes invencibles. Consiguen localizar a Yuanbao, y lo convierten más que en un producto de marketing en una atracción de feria. Tras meses de entrenamiento físico, cultural y psicológico, a la par, de artimañas publicitarias para la explotación comercial de Yuanbao, el CONAMOP conviene en realizarle un cambio de sexo para que participe en las olimpiadas de Japón, cuyas pruebas son auténticamente surrealistas y de auto degradación personal.
Esta parodia irónica y cruel plasmada con un estilo de lenguaje directo, en la que Wang Shuo refleja prácticamente todos los estamentos oficiales chinos: sistema educativo, sanitario, militar, etc., tiene una profunda lectura que nos lleva desde la risa gruesa, hasta pasados unos segundos, a una reflexión concienzuda de esa carcajada que hemos soltado para caer en una depresiva tristeza. Las estupideces se suceden continuamente con el único fin de ridiculizar el sistema. El comunismo se convierte en blanco de la pluma de Wang Shuo mediante la burla sangrienta de sus instituciones (la farsa de la destitución del comandante Liu y su reubicación en otro puesto más importante, al igual que a los otros dirigentes), de la relectura de su historia (a través del interrogatorio del padre de Yuanbao y su colaboración con el Levantamiento Bóxer), de su sistema propagandístico circense (con los anuncios publicitarios de Yuanbao), de su orgullo patrio (con la creación del superhéroe moderno y las reminiscencias de héroes nacionales pasados como Yu Fei), del apisonamiento de los derechos más elementales (con el derribo sin previo aviso de la casa de Yuanbao mediante una excavadora para buscar restos arqueológicos), etc. Desde luego, las autoridades chinas tienen razón en calificar de literatura subversiva la obra de Wang Shao, pues tenían que ser ciegos y sordos para no ver la crítica atroz que les realiza en esta novela.
Pero no solamente la pluma de Wang Shuo se dirige a los estamentos oficiales, sino que también se recrea sórdidamente con la hipocresía de la sociedad (universitarias defensoras a ultranza del partido, a la par que feroces capitalistas), de sus creencias y ritos (con continuas referencias confucianas, taoístas, budistas, católicas y, como colofón, chamanistas, con el exorcismo y la hipnosis practicados a Yuanbao), del mimetismo de la juventud por todo lo occidental (mediante la parodia del almuerzo con un grupo de escritores veteranos –niños de 5 0 6 años- cuyo presidente critica sin piedad a la juventud china y alaba sin cesar todo lo americano), del feminismo libertario (con los discursos de varias mujeres de diferentes edades y trabajos en la Gran Ceremonia de ingreso de Yuanbao en las filas femeninas de China).
La novela de Wang Shuo está escrita con un lenguaje sencillo (lo que no implica simple) y desenfadado, pero a todas luces muy comercial, con una mezcla multisocial de alegorías y disparates que nos lleva a una delirante lectura para dejarnos exhaustos en las recapitulaciones. El hilo conductor de “Haz el favor de no llamarme humano” no existe en un sentido estricto, puesto que las andanzas de Yuanbao son una excusa para hacer desfilar a unos cuantos personajes representativos de la China actual. Wang Shuo, en esta novela, se dedica a soltar todo su satírico veneno a diestro y siniestro, haciendo gala de ser un auténtico nihilista practicante.

Bibliografía
- Carles Prado Fonts.”Literatura China Moderna II: Literatura de la República Popular China y literatura sinófona”. Módulo V.
- http://www.upf.edu/materials/huma/central/historia/lite/temes/7tenden.htm
- http://gangsterera.free.fr/critWangShuo.htm
- http://www.lenguadetrapo.com/00014-OL-ficha.html
- http://lepisma.liblit.com/2007/06/04/wang-shuo-haz-el-favor-de-no-llamarme-humano/

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