Mar 31 2009
MA YUAN “Scholar Viewing a Waterfall”
La pintura de Ma Yuan se titula “Letrado observando una cascada”: Scholar Viewing a Waterfall. Ma Yuan (act. ca. 1190–1225).Album leaf; ink and color on silk; 9 7/8 x 10 1/4 in. (24.9 x 26 cm), Ex coll.: C. C. Wang Family. The Metropolitan Museum of Art, New York Gift of The Dillon Fund, 1973 (1973.120.9).
Ma nació en 1160 en Yongji, provincia de Shanxi y creció en Hangzhou. Ma provenía de una familia de pintores de la corte: su bisabuelo, Ma Fen, ostentaba el puesto de daizhao (algo así como asistente en pintura) en la corte de los Song del Norte sobre 1119; tanto su abuelo Ma Xingzu como su padre Ma Shirong, ostentaron el mismo rango en la corte de los Song del Sur en las décadas centrales del siglo XII. Ma Yuan comenzó su carrera con el emperador Xiaozong, se convirtió en daizhao con el emperador Guangzong, y recibió el más alto reconocimiento chino, el Cinturón Dorado, con el emperador Ningzong. Y, decir que Ma Yuan junto con Xia Gui crearon escuela, a la que se le denominó Ma Xia Jia. Ma murió en 1225.
La pintura se presenta en un formato de hoja de álbum (como casi todas las obras de Ma Yuan). Su composición en diagonal se acentúa al no existir prácticamente los fondos del paisaje. En el ángulo inferior izquierdo se sitúan los elementos figurativos de la obra: el académico contemplando serenamente y en una actitud pensativa el agua que discurre por el río donde desemboca la cascada (no se ve pero la pintura da pie a la imaginación) y el discípulo contemplando a su maestro, esperando que se gire y lo llene de la sabiduría de su contemplación; ambos, delante de la balaustrada que separa el tajo y debajo de un pino que inclina sus ramas hacia ellos. La cascada también queda a su izquierda, por lo que casi más de la mitad de la pintura se inunda de un vacío que la envuelve con una atmósfera de simplicidad, austeridad y disfrute de la soledad (principios durante la dinastía Song del Sur). Nos sentimos atrapados por el momento de la obra debido a la contemplación de la maravilla de la mañana…el sonido del agua al caer y discurrir, el olor de la tierra húmeda que nos hace sentir la naturaleza, el minimalismo vital que fluye de los helechos, el sentir fresco y húmedo en nuestro rostro de las gotas que huyen de su destino…Toda la obra nos transporta a ese instante de tranquilidad, meditación y frugalidad. Y, la simplicidad de elementos, la delicadeza de los matices de las tintas, el contraste de la pincelada fina y la vaporosidad de los trazos son los rasgos más característicos de la obra de Ma Yuan.
Para los chinos la expresión montaña y agua significa por extensión el paisaje. Constituyen los dos poros de la naturaleza. Hay una célebre cita de Confucio que dice “el hombre de corazón se encanta con la montaña; el hombre de entendimiento disfruta del agua”. Los chinos suelen establecer ciertas correspondencias entre las virtudes de las cosas de la naturaleza y las virtudes humanas. En este contexto, pintar la montaña y el agua es retratar al hombre, no tanto su retrato físico, sino más bien el de su espíritu: su ritmo, su proceder, sus tormentos, sus contradicciones, sus temores, su alegría, sosegada o exuberante, sus deseos secretos, sus sueños de infinito. Así, la montaña y el agua encarnan las leyes fundamentales del universo microcósmico que mantiene vínculos orgánicos con el microcosmos que es el hombre. Aunque la presencia del hombre se deja sentir entre la naturaleza, esta presencia no ocupa un lugar formalmente protagonista, pero está ahí buscando el modo de entender la unidad primigenia, de fundirse con el vacío que permite el ser y el no-ser.
En el arte oriental, y chino en particular, tiene una importancia básica y fundamental el pensamiento religioso: “Taoísmo y Confucionismo”. Con respecto a la pintura de Ma Yuan, podemos ver el pensamiento taoísta; como recurso técnico y estético; en este pensamiento, el vacío se manifiesta en todos los lenguajes artísticos. El vacío aporta a la obra de arte, que le da su infinitud, su sentido atemporal, que amplia la emoción y el entendimiento del artista y del espectador. Referido a la materia, el vacío es el no-ser, la no-acción (wuwei), es el elemento que hace posible la existencia de la materia, el que da utilidad a las formas.
En cuanto al confucionismo, decir que Mi Fu que fue junto a su hijo Mi Yuren el gran iniciador de la “pintura de letrados”, como la pintura de Ma Yuan que estamos comentando; así pues, bien sea en el mundo chino o bien en su reflejo en las tradiciones coreana y japonesa, el ideal confuciano lo encarna el hombre de letras. El paradigma del letrado es sin duda el propio Confucio, que hace de su vida un modelo de educación moral. El acceso a tal condición no presupone una condición socioeconómica determinada, ya que sólo con el conocimiento se puede llegar a conseguir el grado de letrado. Quien mejor representa la contradicción vital de un artista-letrado es sin duda uno de los mejores literatos de la historia china, Su Dongpo (1036-1101), que fue el impulsor de un movimiento cultural que se conoce con el nombre de wenrenhua, o pintura de hombres de letras/de cultura, que se opone de un modo radical al artista-profesional al servicio de la corte. Los temas con los que trabaja en poesía y pintura se sirven de la naturaleza como alegoría de las cualidades superiores del letrado-artista, que añora la vida en el campo, consecuencia del ideal taoísta de integración en la naturaleza como ejercicio intelectual, mientras desarrolla su vida en los entresijos de la elite política y social.
La naturaleza adquiere una importancia superior en las concepciones estéticas que surgieron en China a partir de los ideales intelectuales del pensamiento taoísta. El foco del arte no es el hombre, como ocurre en Occidente, y ésta es una de las constantes más universales del arte de Asia oriental.
En el pensamiento japonés este principio se pone de manifiesto con la misma fuerza y claridad que en China. El hombre japonés se ha visto abocado a encontrar su propio sentido en su integración con la naturaleza, a comportarse no como un mero espectador, ni mucho menos como un dominador de la misma, sino como un elemento más que tiene que vivir en armonía con el todo. Es aquí precisamente donde radica una de las diferencias fundamentales entre el hombre oriental y el hombre occidental.
El hombre del orbe occidental, marcado por la filosofía greco-romana y por la concepción judeocristiana del universo, entiende al ser humano como el ser superior de la naturaleza (recordemos el Génesis); todo lo que le rodea está a su servicio y puede manejarlo a su antojo. Por el contrario, para el oriental, el hombre es sólo una parte de la naturaleza y únicamente alcanzará su sentido y razón en su integración con ella.
Bibliografía:
El Arte de Asia Oriental. Módulo II: “Fundamentos del pensamiento artístico”.
El Arte de Asia Oriental. Módulo V: “La Sabiduría como Estética”.
EL Arte de la China. “Summa Artis”. Jean Roger Rivière.
El Arte Chino. Mary tregear.
“Analectas” o “Lun yu” de Confucio.
http://www.metmuseum.org/toah/ho/07/eac/ho_1973.120.9.htm
http://www.davidrumsey.com/Amico/amico1280781-104651.html#record