Mar 31 2009
INTELECTUALES Y REVOLUCIÓN CULTURAL EN CHINA SIGLO XX
La historia cultural China del siglo XX ha estado marcada por sus “Intelectuales”, como actores políticos que han intentado influir en el transcurso de la vida política y social de China y la dirección tomada por el Estado durante un siglo de cambios extraordinarios, fundamentales, rápidos y largos, que comenzó durante los últimos años del siglo XX y que duran hasta la actualidad.
En este breve ensayo, he dividido en tres “momentos” que considero claves y especialmente ricos con respecto al extenso tema de las relaciones entre intelectuales y Estado:
1. El Movimiento por la Nueva Cultura.
2. Mao Zedong y la Revolución Cultural.
3. Los Años 80 o el Post-Maoísmo.
Como apunte introductorio sobre la clase intelectual china, decir que la relación entre los intelectuales y el estado era una relación de dependencia de los primeros respecto del último. Los intelectuales no se hacían ellos mismos ni determinaban su valor social, sino que era el estado el que los hacía y también el que decidía a qué prestigio tenían derecho; no obstante, el estado dependía también de los intelectuales porque promovía la idea de que los funcionarios académicos eran hombres muy bien valorados y educados con amplios conocimientos morales, como consecuencia de esto, las normas estatales eran razonables y justas; lo cual, conllevaba implícitamente la aceptación política y social de la Dinastía regente.
A finales del siglo XIX, se extendió la idea entre los intelectuales reformistas “las teorías modernas del Nacionalismo”; creían firmemente en la “auto-transformación y el paso de una monarquía anticuada a un estado nación-moderno. Estos reformistas denominaban “el pueblo” a los que eran como ellos, pero sus ideas representaron un cambio radical a la hora de pensar en la sociedad y la política; un cambio que anunciaban la relación moderna entre los intelectuales chinos y el estado donde vivían.
1. El Movimiento por la Nueva Cultura.
Éste es un periodo (finales de 1910 hasta mediados de los años 20) de activismo político y pensamiento crítico dirigido por los intelectuales de las ciudades costeras de China. Tras la caída de la Dinastía Qing, la Revolución de 1911 produjo una forma de gobierno republicano que los reformistas y revolucionarios habían defendido durante más de una década. La dictadura de Yuan Shikai (1913-1916) enterró el sueño revolucionario de la gran mayoría de los intelectuales. Por ende, la Revolución de 1911 había destruido el antiguo orden (Dinastía Qing) que garantizaba a los intelectuales un sitio de honor para acceder a la estructura de poder social y político.
El Movimiento por la Nueva Cultura fue dirigido por profesores y estudiantes de universidades y escuelas secundarias de las zonas urbanas de China. Así, intelectuales como Chen Duxiu y Hu Shi (profundamente patrióticos y de pensamiento crítico) querían hacer progresar a China mediante la estabilidad, la fuerza, la modernidad y el respeto internacional; por lo que concluyeron que para conseguir esos objetivos, y dar solución al gran problema de China: Problema cultural más que político, el país necesitaba de una educación moderna; así desprendieron que la Revolución de 1911 había fracasado porque los chinos continuaban anclados en el antiguo pensamiento y, por lo tanto, eran incapaces de entender los valores modernos y las prácticas políticas. El Movimiento por la Nueva Cultura trató de inculcar estos nuevos valores: Celebrar la Juventud, liberarse de las creencias Confucianas, promover la ciencia y la democracia y estudiar la modernidad de Occidente creando nuevos tipos de instituciones comunicativas. En esta época existió una relación directa entre la debilidad del sistema estatal y la extraordinaria apertura de creatividad cultural.
2. Mao Zedong y la Revolución Cultural.
En la Conferencia de Yanan, Mao Zedong anunciaba de manera preclara el tratamiento hostil que recibirían los intelectuales a partir de entonces: “Existe una manera correcta para que los intelectuales hagan un servicio a la revolución, y sólo el líder del partido está ideológicamente preparado para determinar cuál es…Los intelectuales que se pongan en contra de la política del partido corren el riesgo de ser tildados de antirrevolucionarios, ser castigados duramente e, incluso, ser asesinados”. En esta Conferencia, Mao plasmó su idea de que el trabajo de los intelectuales sólo podía considerarse nacionalista y revolucionario si defendía la causa de la clase proletaria de China. Así, cualquier producción artística, literatura, artes visuales, artes interpretativas, etc., podía y debía ser juzgada siguiendo el modelo de clases marxistas y sólo se aceptaban aquellas obras que el partido creía que expresaban el punto de vista de clase correcto.
Aquellos que no conseguían reflejar la perspectiva correcta, se les obligó a asistir a campañas de reeducación sometiéndoles a presiones morales e ideológicas intensas con el único fin de su re-socialización en pro del partido comunista. Miles de intelectuales abandonaron el país para ir a Taiwan, Hong Kong, Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental o Australia; hubo una auténtica fuga de cerebros. El Estado chino era lo bastante fuerte como para imponer un monopolio eficaz que controlara la esfera cultural; jamás, los intelectuales habían tenido que luchar dentro de un estado tan poderoso, ni tan receloso con su sentimiento tradicional como líderes legítimos de la sociedad.
Mao (1893.1975) se había convencido que la Unión Soviética había agotado la causa revolucionaria proletaria en nombre de la burocracia y el gradualismo; por eso, inició una gran campaña política y cultural conocida por el nombre de “Gran Revolución Cultural Proletaria” (1966-1976), cuyas bases fueron el Culto a la Personalidad centrado en su persona, llegándolo a considerar como un “Dios Viviente”. Los Guardias Rojos (tropas de asalto) tenían la obligación y el deber moral de limpiar China de todos los elementos conservadores (todas las personas con cargos de autoridad, en particular los profesores, eran sospechosas) para alcanzar a una sociedad pura y sin clases. Los intelectuales y artistas que pronunciaban una mínima objeción eran atacados sin ningún tipo de compasión. La “Rojez”, “el Puritanismo ideológico” se consideraba mucho más importante que la experiencia o el conocimiento especializado. Gran cantidad de intelectuales se suicidaron y aquellos que se mantuvieron firmes fueron obligados a trabajos forzados y a vivir separados de sus familias.
3. Los Años 80.
Con la muerte de Mao Zedong, el nuevo líder chino “Deng Xiaoping (1905-1997) repudió inmediatamente la Revolución Cultural. Se embarcó en el “Pragmatismo” más que en temas ideológicos y de puritanismo revolucionario y asumió el objetivo de las Cuatro Modernizaciones de China: Agricultura, Industria, Defensa, Ciencia y Tecnología.
A principios de los años 80, el Partido Comunista había rehabilitado a miles de intelectuales acusados de haber sido antirrevolucionarios; además, se permitió que los institutos, universidades y las instituciones de investigación continuaran enseñando e investigando. Se empezó a enviar a muchos intelectuales a otros países; aunque la mayoría de ellos se dedicaban a las ciencias naturales o aplicadas, con el tiempo los humanistas y sociólogos tuvieron la oportunidad de viajar al extranjero; al mismo tiempo, el gobierno chino empezó a recibir investigadores extranjeros, especialistas académicos y gentes de negocios en el país.
En los años 80, China experimentó uno de los periodos intelectualmente más abiertos de todo el siglo XX y, ciertamente, el periodo más abierto desde la creación de la República Popular de China, en 1949.
No obstante, existe una gran diferencia entre la China del Movimiento por la Nueva Cultura y la de los años 80: si entre 1910 y 1920, China tuvo una serie de gobiernos débiles, en 1980 el gobierno comunista era extremadamente fuerte.
En los 80, cuando quería castigar el gobierno chino a intelectuales (como por ejemplo, Fan Lizhi), normalmente invocaba los “Cuatro Principios Cardinales”: Seguir el Camino Socialista; Defender la Dictadura Democrática Popular; no cuestionar el liderazgo del Partido Comunista y defender siempre el pensamiento de Mao Zedong y las ideas Marxistas- Leninistas.