Mar 30 2009
IM CHEOL-U “Una compañía imprevista”
Publicado en Seúl en 1984, y traducida al español por Kim Un-Kyung, como parte de “Cuentos coreanos del siglo XX”, Madrid: Verbum, 2004, con la revisión de la traducción por José Catalán.
Im Cheol-u nació en la isla de Wando (Corea del Sur) en 1954, su familia se trasladó a Gwangju y él estudió Literatura inglesa en la universidad de Jeonnam, en Gwangju; abandonó sus estudios en 1977 para cumplir el servicio militar y volvió a la universidad en 1980.
El punto de partida de la narrativa de Im Cheol-u es el Gwangju de principios de los años 80. Todas las obras de Im Cheol-u, especialmente las de su primera etapa, se relacionan de alguna manera con la sublevación de Gwangju por la democracia en mayo de 1980. Aunque, el fondo de las obras del “Periodo infértil” y “Verano mortecino” es alegórico, sin lugar a dudas existen intenciones obvias de representar a Gwangju1 , y se manifestó en su saga de 1997, “Día de primavera”.
En mayo de 1980, el régimen militar aplastó la sublevación de Gwangju armado con tanques y rifles de asalto. Dos mil personas fueron asesinadas durante 10 días, lo que dio lugar a la peor masacre de civiles en la historia contemporánea de Corea. La brutal represión a la milicia civil “Ejército de Ciudadanos” forzó a la resistencia a la clandestinidad.
Las obras literarias de IM Cheol-u giran en torno a dos temas básicos: el Levantamiento de Gwangju a favor de la Democracia y la división de la Península Coreana. Durante los últimos 27 años, con su prosa lírica, ha ofrecido una visión perspicaz de los giros y cambios de la historia moderna y de la violencia ideológica en Corea . Im forma parte de lo que se llama la 2ª generación, que significa que tuvo noticia de los horrores de la guerra por boca de sus padres. Por ello aborda, con frecuencia, una perspectiva doble como en “La tierra de mi madre”.
En “Una compañía imprevista”, Im Cheol-u narra la historia de un viaje mediante diálogos directos e indirectos entre el narrador “yo” (el protagonista) y la segunda persona “tú”; diálogos cargados de una fuerte tensión interior .
El viaje, de poco más de dos horas, narra el reencuentro de dos amigos, tras año y medio de ausencia, desde la sublevación de Gwangju, y, por lo cual, uno se encuentra fugitivo por delitos políticos y pertenece al llamado “Ejército de ciudadanos” (“Algunas veces no había pasado más que una noche cuando me daban la siguiente orden de trasladarme”), mientras que el protagonista sufre una permanente crisis de culpabilidad e identidad. Lo que debería ser un viaje entre amigos de una sola dirección y doble sentido, se manifiesta como un viaje de dos direcciones donde lo único que se cruzan son el pasado añorado y el presente desgarrado.
Im Cheol-u a través del encuentro plasma perfectamente los tres conceptos que abarcan toda su obra: Crisis de identidad, Memoria histórica y Realismo social.
La crisis de identidad a través del sentimiento de culpabilidad del protagonista (“…pero quién era el que estaba haciendo daño, y quién el dañado Y, ¿quién soy yo que puedo pavonearme por la vida lleno de serenidad, como si nada?”…Puede que fuera el sentimiento de culpa y la furia hacia quién sabe qué o, tal vez, fuera una mezcla de odio, compasión y melancolía hacia mi mismo” “…no sé qué debo hacer” “…Es algo que sólo tú lo puedes decidir…el camino que debía recorrer solo para llegar a casa era largo”) y de su amigo fugitivo (“personas inocentes pudieron haber salido perjudicadas por mi culpa y eso me impedía dormir por las noches”).
De memoria histórica: La matanza de Gwangju había asesinado también el alma de los que la vivieron “Debajo de la manta estaban los recuerdos espeluznantes de la devastación de nuestra ciudad”. Desde la sublevación de Gwangju todo el pasado había quedado mucho tiempo atrás “Pero no eras tan efusivo…Más evidente…era la inquietante mirada… y la verdad era que no podíamos negar que todas las cosas, absolutamente toda, eran completamente diferentes. Era obvio que algo había cambiado entre nosotros…entre tú y yo había ahora un impresionante cañón sin fondo…”. Hasta las montañas donde crecieron juntos eran diferentes “…la montaña se había vuelto color índigo, el color de la tristeza. Parecía llena de melancolía”; pero el recuerdo sigue
vivo “Tú eras la prueba de que esas pesadillas eran algo tangible” y sólo es el principio “…Sólo te pido que no te olvides de esto. Que todavía nada ha terminado, que sólo es el comienzo”.
De realismo social: Im traslada los miedos, angustias, carencias, preocupaciones y sentimientos de la sociedad coreana tras la matanza de Gwangju a través del desengaño “…¿Sirven de algo esos libros?” ; desesperación y nostalgia de los amigos muertos y de los perseguidos “¿Cómo podría describirte nuestros gestos de desesperación…mientras todo a nuestro alrededor intentaba ignorar aquellos asientos vacíos de nuestra clase?”; desencanto :“…nuestra conciencia estuviera paralizada, nuestro espíritu estrangulado. No había brillo en nuestros ojos…”; soledad “…no quería sentirme como un exiliado” “Sentía la soledad”; vergüenza por algo tan humano como llorar “y he cogido el hábito vergonzoso de echarme a llorar”; cansancio “…estamos cansados, estamos tan cansados que queremos dormir…y dormir” “…no habías sido capaz de liberarte por ti mismo de la profunda y oscura fatiga…”; resentimiento “…chaqueta azul marino con las indecorosas siglas de la constructora Hyundai”, pues el grupo Hyundai se ha caracterizado desde su constitución como un grupo que ha apoyado siempre al poder fuera legítimo o ilegítimo; ironía con los mensajes del régimen militar “Hasta ayer una vida de engaño, desde hoy una vida llena de luz” “Porque mañana es un nuevo día, un día lleno de luz” “…y…esa es la razón por la que todavía no seas nadie en esta tierra en la que todo el mundo caminaba libremente bajo la luz del día” y resignación “…y no tengo otra opción que seguir viviendo de alguna manera”.
En el texto de Im Cheol-u podemos ver que es tan profundo su dolor y furia por la matanza de Gwangju, que entra en contradicción con su paciente humanidad. Contradicción difícil de entender en una persona altruista como Im Cheol-u, pues en sus escritos denota un “no pasar página” sin ánimo vengativo, mas carente de indulgencia hacia sí mismo debido a ese hondo sentimiento de culpabilidad que le ha acompañado desde 1980. Es difícil imaginar porqué Im está poseído por esa culpa. Todos los sentimientos reflejados en el texto, podemos decir que, son el fiel reflejo de su debate y lucha interior: ¿debía haber muerto él en la sublevación?, ¿debía haber sido perseguido?, ¿tenía derecho a vivir una vida tranquila y reposada?…Todo ello está plasmado magníficamente mediante una prosa sencilla y, a la vez, exquisita.
Otra novela que me viene a la memoria para intentar desentrañar ese dolor de Im es la de Wladyslaw Spizlman “El pianista”, un hombre que vivió y sufrió personalmente el holocausto nazi, pero al leer su novela nos encontramos sorprendentemente con un relato distante, frío, en comparación con el relato de Im. Quizás, Im con sus relatos trata de mantener viva una memoria histórica que con el paso del tiempo se vuelve frágil y olvidada por las nuevas generaciones, como lo demuestra en “Una compañía imprevista” con los chicos que se encontraban en la estación “…me produjo envidia la absoluta indiferencia hacia todo lo que les rodeaba…”.