Mar 31 2009

Espectro Político de Japón

Publicado por Manuel Checa a las 17:01 en POLÍTICA

Junichiro Koizumi: En el 2001, Koizumi fue recibido como la última oportunidad de los liberales para acometer las reformas estructurales que necesitaba la economía; pero, su mayor aportación al cambio se produciría en política. El asunto prioritario para Koizumi desde que entró en política fue “la reforma postal” (Japan Post and public highway corporations), pese a tratarse de un plan gradual y en absoluto radical, recibió la aprobación de la cámara baja en julio, pero fue rechazada en el Senado en agosto (2005). Koizumi concentró la atención de la opinión pública en los servicios postales como símbolo de sus esfuerzos por enfrentarse a los intereses establecidos (lo que el llama las “fuerzas de resistencia”) y modernizar Japón. Su obsesión con Correos puede parecer extraña, pero éstos sintetizan el origen de buena parte de las disfunciones económicas y políticas del país. Los servicios postales japoneses con tres billones de dólares en sus arcas, son la mayor institución financiera del mundo; esos ahorros son utilizados a modo de “un segundo presupuesto”, que financia infraestructuras y las corporaciones públicas. Ésta es la lucha de Koizumi: “Romper con el corazón del sistema de Amakudari”: al dejar la administración, los altos funcionarios aterrizan en puestos de responsabilidad en las empresas privadas que anteriormente regulaban, o bien, en las corporaciones públicas o semipúblicas; por lo que ésta es la razón a la resistencia burocrática a las reformas. En la privatización del sistema postal se encuentra la pelea por el control de sus gigantescos recursos, es decir, por quién decide como gastar esos tres billones de dólares. Cuando Koizumi habla de reformar el partido, su objetivo es acabar con el clientelismo con el que desde principios de los años setenta, Kakuei Tanaka aseguró la permanencia de éste en el poder. La “obsesión con Correos” le permitió evitar cualquier otro asunto, incluyendo algunos tan importantes como las pensiones, la reforma constitucional y la política exterior.
Koizumi había amenazado a su partido con la disolución de las cámaras si no se apoyaba su propuesta, cosa que hizo y, por tanto, convocó elecciones y obtuvo la mayor victoria desde el fin de la II GM; Koizumi, con su espectacular victoria señaló: “he destruido el viejo PLD. Ha renacido como un nuevo partido”. Para entender el significado de estas palabras, hay que decir que Koizumi no fue elegido por los líderes de las facciones de su partido si no por sus bases, y fue aceptado únicamente por su partido como la última oportunidad de evitar una derrota histórica en las elecciones al Senado de julio de ese año. Koizumi no ocultaba su intención de acabar con las facciones (Habatsu) y con un proceso político que dirige el dinero de los contribuyentes a infraestructuras innecesarias y satisface los intereses de quienes se oponen a las reformas. El lema de Koizumi era: “Cambiar el PLD! Cambiar Japón!. Su mayor dificultad era su propio partido y, una vez en el poder, Koizumi se encontró con la práctica imposibilidad de realizar sus grandes planes de cambio: permitir la quiebra de las empresas endeudadas, reducir el gasto público, privatizar el sistema postal y adoptar una reforma fiscal. Pese a los obstáculos, Koizumi supo mantener su principal base de poder: su popularidad, representada por un nuevo tipo de político japonés: su imagen, estilo y apoyo público, en lugar de pactos a puerta cerrada con otros dirigentes del partido. Si no conseguía cambiar Japón como se proponía, al menos intentaría cambiar la manera en que funciona el PLD. Tras su reelección en el 2003, Koizumi renovó su gabinete, dividiendo y neutralizando las facciones del partido; de esta manera confirmó de nuevo su voluntad de romper las reglas tradicionales al no utilizar dinero para ganar votos (la razón de ser de las facciones) y no ceder a las presiones de los dirigentes que querían que prescindieran de varios ministros. Pese a su victoria personal, Koizumi es un hombre de partido; siempre ha preferido cambiar el sistema desde dentro antes que destruirlo. En las elecciones del 2003 se encontró con la necesidad de tener que asegurar la mayoría parlamentaria del PLD. La razón fue que por primera vez desde décadas, concurría a las elecciones el PDJ con un verdadero potencial para acabar con la hegemonía de los liberales. Parecía surgir finalmente el sistema bipartidista buscado con la reforma electoral de 1994.
Shinzo Abe: En septiembre del 2006, tras abandonar el cargo como había prometido Junichiro Koizumi, asumió el cargo Shinzo Abe, que se presentaba como un continuador de las reformas; sin embargo, Abe era capaz de desplegar una capacidad de seducción mucho menor para labrarse los apoyos necesarios para su proyecto que su antecesor. Las prioridades políticas de Abe era construir el “Bello Japón” mediante su visión idealizada de su país de futuro caracterizada por el orgullo y el patriotismo, valores que según Abe se habían perdido, según él, y que era preciso recuperar a cualquier precio. Esta visión ultranacionalista la pretendía realizar mediante la reforma de la Ley de la Educación y de la “normalización” de Japón como Estado, superando los impedimentos constitucionales que impedían a Japón disponer de un ejercito convencional; lo que choca frontalmente con su supuesto alineamiento incondicional en política exterior con Estados Unidos.
Su prioridad y visión ultranacionalista dejaba de lado su promesa de continuar con el resto de las reformas internas prometidas por Koizumi; por lo que gozó del descrédito de la ciudadanía y, por tanto, fue presa fácil de las diferentes facciones de su partido y los altos funcionarios de la administración, amén de los continuos escándalos de corrupción de su gobierno por los que tuvo que dimitir: el 21/12/06, el ministro de finanzas; el 27/1206, el ministro de reformas de la administración; 27/01/07, el ministro de salud; el 28/05/07, el ministro de agricultura se suicidó por el escándalo de corrupción sobre los fondos agrícolas; el 01/08/07, el nuevo ministro de agricultura; el 03/09/07, el recién nombrado ministro de agricultura.
Yasuo Fukuda: Tras la renuncia de Abe, el 12 de septiembre de 2007, fue elegido primer ministro Yasuo Fukuda, en plena tormenta política tras el fracaso en las elecciones de julio, debido a la corrupción instaurada en el gobierno durante el gobierno de Abe y lo que propició que el PLD perdiera el control del Senado. Su prioridad política, como él mismo dijo, es: “restablecer la confianza de los japoneses en el gobierno”; y, siguiendo con su discurso: “Diría que es un gobierno que tiene la espalda contra la pared. Si fallamos en una sola cosa podríamos perder el poder”. Efectivamente, el legado de corruptelas del gobierno de Abe y la desconfianza de la ciudadanía por la falta de verdaderas reformas ha supuesto que Fukuda sea un líder de transición y que no tenga más objetivo político que devolver la confianza en su partido a la ciudadanía. Fukuda se encuentra maniatado por la oposición, que controla el Senado, y no ha podido sacar adelante ninguna iniciativa legislativa (ni siquiera nombrar al gobernador del banco de Japón) en los cerca de 9 meses que lleva en el cargo. Asimismo, es un hombre maniatado por las facciones de su partido; pues, cuando entró como primer ministro no pudo crear su propio gabinete y tuvo que aceptar que siguieran en el cargo muchos ministros que pertenecieron al anterior gobierno de Abe, lo que da muestra del equilibrio que debe hacer para mantenerse, aunque lo más previsible que en verano se vea o lo obliguen a dimitir.

Causas de la derrota electoral del PLD y posibles implicaciones para el futuro del sistema político japonés
En mi opinión, la “enorme sombra alargada de Junichiro Koizumi” es la causa de la derrota electoral del PLD; me explico, los japoneses confiaron ciegamente en las últimas elecciones en el PLD gracias a Koizumi, que vieron en él un líder honesto, valiente y cumplidor. Honesto porque no les engañaba, y les decía la verdad, y por muy duras y dolorosas que fueran sus propuestas para el pueblo, entendían que era en beneficio de Japón. Valiente porque se enfrentó a los diferentes poderes fácticos del estado, así como a las diferentes facciones de su partido. Y, cumplidor porque lo que prometió, lo hizo: “la reforma postal”, amén de dejar su cargo en el tiempo que prometió.
Aunque si mi análisis se quedara solamente en la figura de Koizumi sería incompleto, pues, no cabe duda que el posterior primer ministro (Abe) ayudó muy mucho a la derrota electoral: Su visión ultranacionalista dejó de lado las ansiadas reformas estructurales que el pueblo japonés deseaba y por las que siguieron a Koizumi; la dimisión de seis de sus ministros por casos de corrupción en menos de un año de su gobierno, amén de los innumerables casos de corrupción de altos funcionarios del estado.
No obstante, tampoco hemos de obviar del fracaso electoral del PLD la interrupción de lazos tradicionales comunales y cambios de prácticas de negocio que fueron causadas por factores como el cambio generacional, la desaparición de aldeas rurales y la disminución de comerciantes locales e industriales.
Otra causa relativa fue la pérdida del apoyo del PLD en los distritos rurales; pues, Koizumi les inflingió duras medidas que difícilmente lograron aceptar las economías rurales aunque, como bien decía Koizumi, las elecciones en Japón se ganan en las ciudades y bien lo pudimos comprobar en su aplastante victoria.
Tras la derrota electoral en el Senado hace un año, podemos pensar que Japón está obligado a realizar una completa reforma constitucional, puesto que se ha podido comprobar desde hace un año que no puede compaginar su sistema de gobierno con dos cámaras gobernadas con diferentes partidos políticos. La constitución de Japón no está preparada para mantener un sistema bipartidista. A la reforma del sistema electoral de 1994, le debió seguir la reforma constitucional, puesto que se ha convertido en un país ingobernable políticamente; por lo que entiendo que los dos partidos mayoritarios deben de llegar a un acuerdo tácito y expreso para la reforma constitucional por el bien de Japón.

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